Esta es una estructura diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel con motivo de la Exposición universal de 1889 en París, una feria mundial organizada para conmemorar el centenario de la revolucón Francesa. Se construyó en dos años.
A pesar de que fue construida en controversia con los artistas de la época, que la veían como un monstruo de acero, es considerada, sin lugar a dudas, como el símbolo indiscutible de Francia y de la ciudad de París en particular, siendo el monumento más visitado del mundo.
La torre se inauguró el 31 de marzo de 1889, y fue abierta al público el 6 de mayo de ese año.
Cerca de doscientos obreros ensamblaron las 18.038 piezas de hierro, usando dos millones y medio de roblones, siguiendo el diseño estructural de Maurice Koechlin.
Cerca de doscientos obreros ensamblaron las 18.038 piezas de hierro, usando dos millones y medio de roblones, siguiendo el diseño estructural de Maurice Koechlin.
Debido a la proximidad del río y a la naturaleza del subsuelo sus cimientos tienen, en cada uno de sus cuatro apoyos, una profundidad de unos treinta metros. Cada una de sus cuatro patas descansa sobre ocho gatos hidraúlicos por lo que se puede considerar que en realidad la torre tiene 32 patas.
A diferencia de los rascacielos modernos, la torre, tiene una estructura visible, con sólo dos plataformas intermedias y un mirador superior. A pesar de las inmensas precauciones de Eiffel para con sus operarios (que incluían el uso obligatorio de arneses), uno de ellos falleció durante la instalación de los elevadores.
Hoy en día la Torre es acontecida por turistas de todas partes del mundo. Para subir a conocer sus tres plantas cada una de sus cuatro puntas convoca filas de personas ansiosas pero que pacientemente esperan para conocerle. Fueron 3 horas de cola para escasos 30 minutos de recorrido. Claro esta: sentirse allí arriba es tan tremendamente espectacular, que es imposible describir el sentimiento.
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